El éxtasis del triunfo y l a agonía de la derrota.

 Max Verstappen y Charles Leclerc en el Autódromo Enzo e Dino Ferrari en Imola, Italia. Foto: Red Bull Pool.

Durante 37 años, entre 1961 y 1998, el periodista norteamericano Jim McKay presentaba con esa frase el programa de televisión semanal de la cadena ABC “Wide World of Sports”. Quizás la frase más elocuente de la competitividad deportiva y el inexorable final con el triunfo para uno y la derrota para otro (aun el empate puede ser un triunfo o una derrota). 

Mientras más difícil es la victoria, más se celebra, como también duele más la derrota. Así mismo lo sienten los seguidores de los deportistas y de los equipos, en grado ascendente del simple espectador al furibundo fanático. 

Después de vivir una temporada excepcional de la Fórmula Uno en 2021, la lucha, desgaste y resultados se han trasladado a esta de 2022, pudiendo observar la metamorfosis del nuevo campeón, con una actitud y desempeño muy distinto el que ha mostrado y expresado el neerlandés Max Verstappen, así como sucede lo contrario con la motivación y el desempeño del británico Lewis Hamilton, quien para colmo no cuenta en esta recién iniciada campaña con un vehículo competitivo, pero que no puede siquiera equiparse a lo logrado por su nuevo compañero de equipo, el compatriota George Russell, quien a pesar del problemático Mercedes W13, es el único entre los 5 primeros en las cuatro carreras disputadas hasta el presente. 

Por suerte para los aficionados y seguidores de los deportes a motor, la campaña actual de Fórmula Uno presenta una nueva y estrecha rivalidad, no solo entre dos pilotos, sino también entre dos equipos, uno de los cuales ha sido la esencia misma de la máxima categoría del automovilismo mundial, la escudería Ferrari, buscando un nuevo campeonato de pilotos y constructores, esquivos desde 2007 y 2008 respectivamente, por lo tanto, más expectante e interesante. 

El campeón reinante Max Verstappen y el monegasco Charles Leclerc están apareados con dos victorias por lado, siendo la ventaja en la clasificación de puntos para el piloto de Ferrari con 27 unidades, la importante diferencia debido a dos retiros por problemas mecánicos centrados en el sistema de entrega de combustible al motor del Red Bull RB18, estando en ambas ocasiones Verstappen en el segundo lugar detrás del eventual ganador, Charles Leclerc. 

Lo más interesante de este duelo piloto/equipo, es que puede pasar del total dominio de uno a otro, de una carrera a la siguiente. En Australia, la tercera válida de la temporada, Leclerc logró su primer Grand-Slam (referido en las estadísticas como Grand Chelem en francés), traduciéndose por un fin de semana perfecto, al lograr la posición de vanguardia de la parrilla de salida (Pole Position), la vuelta más rápida y el triunfo de la carrera como único líder en todas las vueltas. En el siguiente evento en Imola respondió Verstappen con uno “más” perfecto aun, el Super Grand-Slam, al añadir a la hazaña el triunfo en la primera carrera al Sprint de la presente campaña, la cual se repetirá posteriormente en el Red Bull Ring en Austria y en Interlagos, Brasil. 

Esta alternabilidad de dominio solo se explica cuando uno de los dos grandes talentos acompañados por dos extraordinarios vehículos, logra una ventaja sobre su adversario, mayormente por factores circunstanciales derivados de la correcta y precisa puesta a punto del monoplaza, logrando un perfecto balance entre agarre y velocidad, a lo cual se le suma el adecuado manejo del variable desempeño de los neumáticos de acuerdo al tipo de trazado, características del asfalto y condiciones climatológicas como la temperatura y la humedad. 

Así, a priori, Ferrari tendría ventaja en circuitos con curvas lentas y de aceleración como Mónaco, mientras que Red Bull lo tendrá en los rápidos como Monza. Sin embargo, Ferrari no rindió en Imola -circuito apropiado por sus curvas mayormente lentas- por las circunstancias ambientales (lluvia) y la degradación excesiva de sus neumáticos (temperatura). 

A todo esto, se le agrega el factor humano en el binomio. Por mucho talento que se tenga, la experiencia en pista con un continuo aprendizaje produce los mejores resultados a largo plazo, siendo el balance de serenidad y agresividad solo logrado a través del tiempo. Ejemplos típicos son los grandes campeones que han tenido inicios similares plagados de errores y malas decisiones. 

Luce que será otra temporada muy competitiva, hasta el momento con dos pilotos contemporáneos de gran talento y con vehículos muy parejos en desempeño. La diferencia al final pudiera estar en la ventaja adicional de la experiencia previa de la lucha por el título.

formulaburgerf1@gmail.com 

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