Con todo el Corazón

 

Por Bruno Burger
Foto: Octavio Estrada.

Podio de la carrera del Automovilismo Nacional en el circuito Los Parisi en Maracaibo en 1992, con Juan Cochesa (†), Javier Ripol y José “Potoco” Delgado, enseñando el dispositivo de registro electrocardiográfico colocado previo al inicio de la competencia.

En 1991 Ayrton Senna ganó el GP de Brasil por primera vez en 8 intentos, aunque tuvo que terminar las últimas vueltas con la caja de su McLaren/Honda MP4/6 trabada en la 6ª velocidad, por lo que finalizó totalmente agotado por el esfuerzo físico y mental, requiriendo ayuda para salir de su monoplaza y apenas pudiendo levantar el trofeo del ganador. Así el paulista accedió a que en la siguiente carrera local TV-Globo le colocara un dispositivo de telemetría para enseñar durante la transmisión como variaban de acuerdo a lo que sucedía en la carrera. Durante la competencia en 1992, se observó que estas pulsaciones aparecían en 170 latidos por minuto lo cual no era lo esperado para un competidor con su preparación física de atleta.

Eso nos llevó a estudiar las variables cardiovasculares de los pilotos durante las carreras, sospechando que más que un esfuerzo físico las altas pulsaciones podrían ser debidas al estrés y la exagerada producción de “adrenalina” por el tipo de competencia a alta velocidad.

Este trabajo se inició en 1992 y se continuó en 1993, participando más de una docena de los pilotos nacionales, a quienes se le implantó un sistema de registro electrocardiográfico (HOLTER, como el que aparece en la foto de Octavio) además de tomas de Tensión Arterial Automática (MAPA) y se también se tomaron muestra de orina antes y después de la carrera para medir niveles de catecolaminas excretadas por la orina.

El resultado fue extraordinario. En síntesis, de un promedio de pulsaciones de 80 latidos por minuto antes de comenzar la carrera, estas subieron a una media de 174 que se mantuvo hasta finalizar o al retiro del piloto, con incremento significativo de la tensión arterial diferencial (como en las pruebas de esfuerzo) y un aumento 10 veces del valor basal de Catecolaminas en la orina antes de la competencia. En comparación, durante el Warm-up el promedio de pulsaciones solo subió a 137 lpm). Demostramos que las carreras a motor son las que mantienen las pulsaciones del participante más altas durante más tiempo que en ningún otro deporte.

Esto fue llevado al 8º Congreso del International Council of Motorsport Sciences en Miami en 1995 y significó mi incorporación en la Comisión Médica de la FIA (Federación Internacional del Automovilismo) por los siguientes 20 años.

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